La naturaleza lleva miles de millones de años desarrollando soluciones extraordinariamente eficientes. Inspirarse en esos mecanismos biológicos para diseñar nuevos dispositivos electrónicos es una de las grandes tendencias de la investigación actual. En esta línea se enmarca el último trabajo desarrollado por el grupo de investigación Poli-Nano de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH), cuyos resultados han sido publicados en la revista científica Biosensors (Q1) bajo el título «Electric-Field-Assisted Fabrication of Bacteriorhodopsin/PEDOT:PSS Biohybrid Photodetectors on Interdigitated Electrodes» (DOI: 10.3390/bios16070398).

La investigación presenta una nueva estrategia para fabricar fotodetectores biohíbridos, dispositivos capaces de convertir la luz en señales eléctricas combinando materiales electrónicos con proteínas naturales. El trabajo demuestra que es posible integrar una proteína fotosensible, la bacteriorrodopsina, en un polímero conductor para desarrollar sensores capaces de responder a la luz incluso sin necesidad de alimentación eléctrica externa. Aunque todavía se trata de investigación básica, este tipo de dispositivos podría abrir nuevas posibilidades en campos como la bioelectrónica, las interfaces cerebro-máquina, los sensores biomédicos o los sistemas de computación inspirados en el funcionamiento del cerebro humano.

Cuando la naturaleza inspira a la tecnología

La bacteriorrodopsina no es una proteína cualquiera. Se encuentra de forma natural en microorganismos que habitan ambientes extremadamente salinos y actúa como una diminuta bomba molecular impulsada por la luz. Cada vez que absorbe un fotón, desencadena un proceso de transporte de protones a través de la membrana celular, convirtiendo la energía luminosa en energía química.

Desde hace décadas, esta extraordinaria capacidad ha despertado el interés de científicos de todo el mundo, que ven en ella un excelente candidato para desarrollar dispositivos optoelectrónicos bioinspirados. Sin embargo, incorporar proteínas biológicas dentro de dispositivos electrónicos no resulta sencillo. Mantener su estabilidad y, al mismo tiempo, conseguir una buena conducción eléctrica constituye uno de los principales desafíos del campo.

Una nueva forma de fabricar dispositivos biohíbridos

Para superar estas limitaciones, el equipo de investigación de la UMH desarrolló una estrategia basada en dos elementos principales. El primero consiste en utilizar PEDOT:PSS, uno de los polímeros conductores más empleados actualmente en electrónica orgánica debido a su elevada conductividad, flexibilidad y facilidad de fabricación. El segundo elemento es la propia bacteriorrodopsina, que aporta la capacidad de responder específicamente a la luz.

Ambos materiales se depositan sobre electrodos interdigitados mediante un proceso de fabricación optimizado en el que se aplica un campo eléctrico durante el secado del material. Aunque pueda parecer un detalle menor, este procedimiento modifica la forma en que se organiza la película durante su formación y acaba teniendo una influencia directa sobre el comportamiento final del dispositivo.

 

 

El campo eléctrico marca la diferencia

Uno de los primeros objetivos del estudio fue averiguar qué intensidad de campo eléctrico resultaba más adecuada durante la fabricación. Los investigadores comprobaron que aplicar 1,2 voltios durante el secado permitía obtener películas mucho más eficientes que las fabricadas sin campo eléctrico o utilizando tensiones superiores.

 

Los dispositivos fabricados bajo estas condiciones alcanzaron una responsividad aproximadamente 21 veces superior a la obtenida sin aplicar campo eléctrico, además de presentar mejores niveles de detectividad y una reducción significativa del ruido electrónico. Sin embargo, el estudio también puso de manifiesto que un exceso de voltaje resulta perjudicial. Tensiones demasiado elevadas favorecen la aparición de defectos estructurales y procesos de degradación química que terminan reduciendo las prestaciones del dispositivo.

Encontrar el equilibrio perfecto

Antes de incorporar la proteína, el equipo investigó otro aspecto fundamental: cuál era la mejor proporción entre el polímero conductor y la disolución tampón necesaria para mantener estable la bacteriorrodopsina. Los resultados mostraron que una composición formada por un 60 % de PEDOT:PSS y un 40 % de tampón proporcionaba el mejor equilibrio entre conductividad eléctrica y estabilidad biológica.

Esta formulación consiguió las mejores prestaciones optoelectrónicas de toda la serie experimental y demostró que era posible conservar un elevado rendimiento electrónico sin comprometer las condiciones necesarias para preservar la funcionalidad de la proteína.

¿Qué ocurre cuando se incorpora la proteína?

La incorporación de la bacteriorrodopsina produjo un cambio muy interesante. Aunque las prestaciones electrónicas absolutas disminuyeron ligeramente —algo esperable porque las proteínas son materiales mucho menos conductores que los polímeros electrónicos— apareció una característica completamente nueva: el dispositivo fue capaz de generar una respuesta fotoeléctrica medible sin necesidad de aplicar tensión externa.

Este comportamiento autoalimentado constituye uno de los aspectos más relevantes del trabajo. Los investigadores proponen que la proteína introduce un mecanismo interno de separación de cargas que permite transformar directamente la luz en una señal eléctrica. En otras palabras, la bacteriorrodopsina no mejora simplemente la conductividad del dispositivo, sino que le aporta una funcionalidad completamente nueva que el polímero conductor por sí solo no posee.

Una respuesta que imita a los sistemas biológicos

Otro de los resultados más llamativos aparece al estudiar cómo responde el dispositivo cuando la luz se enciende y se apaga repetidamente. A diferencia de los fotodetectores tradicionales de silicio, cuya respuesta es prácticamente instantánea, el nuevo dispositivo presenta una respuesta más lenta y progresiva.

Lejos de considerarlo un inconveniente, los investigadores interpretan este comportamiento como una característica propia de los sistemas biohíbridos. La interacción entre el transporte electrónico del polímero y el movimiento de protones asociado a la bacteriorrodopsina genera una dinámica temporal muy similar a la observada en algunos procesos biológicos. Además, el dispositivo mantuvo una respuesta estable durante múltiples ciclos consecutivos de iluminación, demostrando una elevada reproducibilidad y un funcionamiento reversible.

Más allá de un fotodetector convencional

Aunque los fotodetectores tradicionales siguen ofreciendo prestaciones superiores en parámetros como velocidad o sensibilidad absoluta, el objetivo de este trabajo es diferente. Los dispositivos biohíbridos no pretenden competir directamente con la electrónica convencional, sino incorporar capacidades completamente nuevas gracias a la integración de materiales biológicos.

La bacteriorrodopsina aporta propiedades imposibles de conseguir únicamente con materiales sintéticos, como procesos fotoactivos inspirados en la biología, acoplamiento iónico-electrónico y respuestas temporales con cierto efecto de memoria. Estas características son especialmente interesantes para el desarrollo de sinapsis artificiales, sistemas de computación neuromórfica, sensores bioinspirados e interfaces capaces de comunicarse de forma más natural con tejidos biológicos.

Un paso más hacia la bioelectrónica del futuro

Este trabajo representa un nuevo avance del grupo Poli-Nano de la Universidad Miguel Hernández de Elche en el desarrollo de materiales funcionales para electrónica y fotónica. Además de demostrar que la aplicación de un campo eléctrico durante la fabricación mejora significativamente las propiedades de los polímeros conductores, la investigación establece una metodología completa para integrar proteínas fotoactivas en dispositivos electrónicos y evaluar su funcionamiento mediante parámetros utilizados habitualmente en el campo de los fotodetectores.

La combinación de materiales sintéticos con componentes biológicos constituye uno de los campos más prometedores de la ciencia de materiales. En los próximos años, este tipo de tecnologías podría contribuir al desarrollo de dispositivos capaces de aprender, adaptarse e interactuar con los sistemas vivos de una forma mucho más parecida a la naturaleza que a la electrónica convencional. En definitiva, el trabajo desarrollado en la UMH demuestra que el futuro de la electrónica no pasa únicamente por fabricar dispositivos cada vez más pequeños, sino también por aprender de los mecanismos que la propia naturaleza ha perfeccionado durante millones de años.